
Los astros se alinearon, pero con eso no alcanza
El verdadero desafío es aliviar la restricción externa mediante avances importantes en materia de productividad de los factores de producción. Nadin Argañaraz.
Usted seguramente escuchó hablar del viento de cola favorable para Argentina en estos últimos años. Este empujón lo dieron los términos de intercambio, o sea los precios relativos favorables hacia nuestros bienes de exportación, que crecieron entre 1999 y 2010 cerca de 40 por ciento. En otros términos, esto es lo mismo que si hoy usted trabajando las mismas horas que hace un tiempo, gozara de un poder adquisitivo mayor que el de antes.
Esto generó en parte el incremento de dólares comerciales de los últimos años. En 2003 ingresaron 16 mil millones de dólares como diferencia entre las exportaciones e importaciones. A partir de este año, con excepción de 2009, el ingreso de dólares comerciales disminuyó gradualmente y para 2011 se espera un saldo de balanza comercial de nueve mil y 10 mil millones de dólares.
Dos variables explican este fenómeno: por un lado, la economía argentina es altamente dependiente de bienes importados; por el otro, el paulatino atraso del tipo de cambio cada vez abarata más la importación. La consecuencia es obvia: con una economía que pretende crecer a tasas elevadas, la importación también debe hacerlo, con el agravante que los precios potencian aún más ese ritmo desbalanceado.
Dado este contexto es muy difícil lograr un cambio mediante restricciones. No sólo porque implica poner en riesgo la actividad de corto plazo de ciertos sectores, sino también porque el mundo no es estático: los países perjudicados con nuestras medidas no se quedan de brazos cruzados, y con sus trabas complican nuestras exportaciones.
Yendo a los números concretos, marzo fue el que reflejó el mayor impacto de las restricciones, ya que registró un aumento del saldo de balanza comercial (ingreso de dólares comerciales) de más de 140 por ciento respecto a 2010. Esto significó una reversión respecto a enero.
Pero en abril el saldo volvió a caer 40 por ciento. Conclusión: en los primeros cuatro meses del año el ingreso de dólares del comercio exterior cayó 25 por ciento respecto a igual período de 2010, por el avance de 25 por ciento de las exportaciones y de 38 por ciento de las importaciones.
Este comportamiento refleja la restricción externa que tenemos para crecer y está relacionado con los ciclos de “pare y siga” que ha tenido la economía durante muchos años. Es un verdadero desafío aliviar la restricción externa mediante avances importantes en materia de productividad de los factores de la producción y, entrando más en lo general, de mejorar sustancialmente la competitividad sistémica, es decir la que incluye a todos los actores, entre ellos al Estado.
Que los astros están a nuestro favor, no hay duda. Un simple cálculo lo demuestra. Si durante el año 2010 nuestras exportaciones y nuestras importaciones se hubiesen concretado a los términos de intercambio del año 1999, en lugar de tener un saldo positivo de balanza comercial de 12 mil millones de dólares, hubiéremos tenido un déficit de 7.600 millones. Una diferencia de nada más y nada menos que de 19.600 millones de dólares anuales, suficiente para hacer dudar a más de uno entre seguir confiando en la astrología o enfrentar los límites de la economía.
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