El Estado como principal demandante de empleo en los últimos dos años

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El mercado laboral en la Argentina da cuenta de un escenario que mantiene algunos signos de fragilidad, y enciende a su vez luces amarillas. En el periodo “de oro” de la actual administración ‐2003 a 2006‐ se observaron mejoras sostenidas en el mercado laboral impulsadas por una fuerte caída del costo laboral en dólares y por la existencia de una amplia capacidad ociosa en la estructura productiva, que permitió contrataciones por parte del sector privado sin necesidad de grandes inversiones. A partir del año 007, la creación de puestos de trabajo se concentró en el sector público –el sector creó puestos a una tasa sensiblemente mayor a la del sector privado.

Actualmente, la ralentización en la actividad económica que se está observando traería como consecuencia un mercado laboral donde el desempleo tendería a subir y el Estado aparecería como el “gran salvador”.

Freno a la creación de puestos asalariados, mientras crece el autoempleo

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La desaceleración en la tasa de crecimiento del empleo se ha observado desde hace trimestres, pero los datos del primer trimestre del año 2013 dan cuenta de una  novedad no menor: ha disminuido tanto el número de trabajadores formales como el número de trabajadores informales. Se trata de una destrucción neta de puestos de trabajos asalariados. Esta caída se da a pesar de la creación de empleo que está realizando el sector público, sobre todo a nivel provincial, que evidentemente trata de compensar los problemas laborales.

Si a esta información se la vincula con el aumento en el número de desocupados,  la creación de puestos de trabajo en este contexto -aunque muy baja- parece una paradoja.

Un análisis más detallado de la información sugiere que el desplazamiento de trabajadores asalariados ha dado lugar a un incremento en el número de trabajadores que se desempeñan como autónomos. Este aumento sensible del cuentapropismo puede deberse a que empresas debieron ajustar a la baja sus nóminas de personal, dando lugar al resurgimiento de formas precarias de contratación de servicios, como una manera de controlar sus crecientes costos frente a un escenario de clara desaceleración económica y con incertidumbre generalizada.

Los jóvenes, la escuela y el mercado laboral

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Según se menciona en el trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2010) sobre las repercusiones de la crisis económica mundial en los jóvenes, el desempleo juvenil y las situaciones que llevan a los jóvenes a renunciar a la búsqueda de empleo o a trabajar en malas condiciones conllevan un claro costo económico, social, individual y familiar. La falta de trabajo decente, si se experimenta a temprana edad, puede representar una amenaza para las perspectivas laborales futuras de una persona y suelen instalarse patrones de comportamiento laboral inapropiados que perduran toda la vida.

Existe un vínculo comprobado entre el desempleo juvenil y la exclusión social. La incapacidad de encontrar empleo genera una sensación de inutilidad y ociosidad entre los jóvenes, y puede elevar los índices de criminalidad, problemas de salud mental, violencia, conflictos y consumo de estupefacientes. Por ende, el rendimiento más claro que se obtiene de aprovechar al máximo el potencial productivo de los jóvenes y asegurarles la disponibilidad de oportunidades de empleo decente, es el beneficio personal que ellos mismos obtendrán.